Ducharse sin agredir la piel

Las duchas por encima de los 38 ºC debilitan las proteínas de las células de la piel y descomponen las grasas que forman el manto hidrolipídico, que actúa como una especie de barrera de protección cutánea contra cualquier tipo de agresión -roces con la ropa, frío intenso, jabones agresivos, etc.-. El agua excesivamente caliente hace estragos en las zonas del cuerpo más propensas a la sequedad y a la descamación, como las piernas. La solución a este problema pasa por colocar el temporizador por debajo de los 37 ºC o de los 38 ºC, evitar permanecer bajo el agua durante más de 20 minutos, optar por los jabones humectantes (a ser posible, enriquecidos con aceites vegetales) y reservar la esponja para las partes del cuerpo de piel más gruesa y resistente, como los codos, las rodillas y los pies. Después del baño, se ha de hidratar la piel del cuerpo con una crema enriquecida con vitamina E, aceite de almendras, manteca de karité, etc.

 

 

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